miércoles, 28 de enero de 2015

Leer un cuento entero : la tortuga gigante



Collège Henri Wallon, Marsella, Francia


EXPERIENCIA:       leer un cuento entero
COORDINA/REALIZA: B. Gobin

NIVELES: 3eme 14años

IDIOMA/S UTILIZADAS EN LA  ACTIVIDAD : Español


FORMATO: La tortuga gigante, Quiroga

DESCRIPCIÓN : lectura fragmentada y progresiva del cuento.



EVALUACIÓN DE LA  ACTIVIDAD ( indicar todo lo que se considere sobre los resultados y evolución) los alumnos fueron capaces de contar la historia sin apuntes y relacionar las imágenes del cuento con los episodios relevantes.





Horacio Quiroga
(1879-1937)

LA TORTUGA GIGANTE
(Cuentos de la selva, 1918)


         Había una vez un hombre que vivía en Buenos Aires, y estaba muy contento porque era un hombre sano y trabajador. Pero un día se enfermó, y los médicos le dijeron que solamente yéndose al campo podría curarse. Él no quería ir, porque tenía hermanos chicos a quienes daba de comer; y se enfermaba cada día más. Hasta que un amigo suyo, que era director del Zoológico, le dijo un día:
         —Usted es amigo mío, y es un hombre bueno y trabajador. Por eso quiero que se vaya a vivir al monte, a hace mucho ejercicio al aire libre para curarse. Y como usted tiene mucha puntería con la escopeta, cace bichos del monte para traerme los cueros, y yo le daré plata adelantada para que sus hermanitos puedan comer bien.
         El hombre enfermo aceptó, y se fue a vivir al monte, lejos, más lejos que Misiones todavía. Hacía allá mucho calor, y eso le hacía bien.
         Vivía solo en el bosque, y él mismo se cocinaba. Comía pájaros y bichos del monte, que cazaba con la escopeta, y después comía frutos. Dormía bajo los árboles, y cuando hacía mal tiempo construía en cinco minutos una ramada con hojas de palmera, y allí pasaba sentado y fumando, muy contento en medio del bosque que bramaba con el viento y la lluvia.
         Había hecho un atado con los cueros de los animales, y lo llevaba al hombro. Había también agarrado vivas muchas víboras venenosas, y las llevaba dentro de un gran mate, porque allá hay mates tan grandes como una lata de kerosene.
         El hombre tenía otra vez buen color, estaba fuerte y tenía apetito. Precisamente un día que tenía mucha hambre, porque hacía dos días que no cazaba nada, vio a la orilla de una gran laguna un tigre enorme que quería comer una tortuga, y la ponía parada de canto para meter dentro una pata y sacar la carne con las uñas. Al ver al hombre el tigre lanzó un rugido espantoso y se lanzó de un salto sobre él. Pero el cazador, que tenía una gran puntería, le apuntó entre los dos ojos, y le rompió la cabeza. Después le sacó el cuero, tan grande que él solo podría servir de alfombra para un cuarto.
         —Ahora —se dijo el hombre—, voy a comer tortuga, que es una carne muy rica.
         Pero cuando se acercó a la tortuga, vio que estaba ya herida, y tenía la cabeza casi separada del cuello, y la cabeza colgaba casi de dos o tres hilos de carne.
         A pesar del hambre que sentía, el hombre tuvo lástima de la pobre tortuga, y la llevó arrastrando con una soga hasta su ramada y le vendó la cabeza con tiras de género que sacó de su camisa, porque no tenía más que una sola camisa, y no tenía trapos. La había llevado arrastrando porque la tortuga era inmensa, tan alta como una silla, y pesaba como un hombre.
         La tortuga quedó arrimada a un rincón, y allí pasó días y días sin moverse.
         El hombre la curaba todos los días, y después le daba golpecitos con la mano sobre el lomo.
         La tortuga sanó por fin. Pero entonces fue el hombre quien se enfermó. Tuvo fiebre, y le dolía todo el cuerpo.
         Después no pudo levantarse más. La fiebre aumentaba siempre, y la garganta le quemaba de tanta sed. El hombre comprendió entonces que estaba gravemente enfermo, y habló en voz alta, aunque estaba solo, porque tenía mucha fiebre.
         —Voy a morir —dijo el hombre—. Estoy solo, ya no puedo levantarme más, y no tengo quien me dé agua, siquiera. Voy a morir aquí de hambre y de sed.
         Y al poco rato la fiebre subió más aún, y perdió el conocimiento.
         Pero la tortuga lo había oído, y entendió lo que el cazador decía. Y ella pensó entonces:
         —El hombre no me comió la otra vez, aunque tenía mucha hambre, y me curó. Yo le voy a curar a él ahora.
         Fue entonces a la laguna, buscó una cáscara de tortuga chiquita, y después de limpiarla bien con arena y ceniza la llenó de agua y le dio de beber al hombre, que estaba tendido sobre su manta y se moría de sed. Se puso a buscar enseguida raíces ricas y yuyitos tiernos, que le llevó al hombre para que comiera. El hombre comía sin darse cuenta de quién le daba la comida, porque tenía delirio con la fiebre y no conocía a nadie.
         Todas las mañanas, la tortuga recorría el monte buscando raíces cada vez más ricas para darle al hombre, y sentía no poder subirse a los árboles para llevarle frutas.
         El cazador comió así días y días sin saber quién le daba la comida, y un día recobró el conocimiento. Miró a todos lados, y vio que estaba solo, pues allí no había más que él y la tortuga, que era un animal. Y dijo otra vez en voz alta:
         —Estoy solo en el bosque, la fiebre va a volver de nuevo, y voy a morir aquí, porque solamente en Buenos Aires hay remedios para curarme. Pero nunca podré ir, y voy a morir aquí.
         Pero también esta vez la tortuga lo había oído, y se dijo:
         —Si queda aquí en el monte se va a morir, porque no hay remedios, y tengo que llevarlo a Buenos Aires.
         Dicho esto, cortó enredaderas finas y fuertes, que son como piolas, acostó con mucho cuidado al hombre encima de su lomo, y lo sujetó bien con las enredaderas para que no se cayese. Hizo muchas pruebas para acomodar bien la escopeta, los cueros y el mate con víboras, y al fin consiguió lo que quería, sin molestar al cazador, y emprendió entonces el viaje.
         La tortuga, cargada así, caminó, caminó y caminó de día y de noche. Atravesó montes, campos, cruzó a nado ríos de una legua de ancho, y atravesó pantanos en que quedaba casi enterrada, siempre con el hombre moribundo encima. Después de ocho o diez horas de caminar, se detenía, deshacía los nudos, y acostaba al hombre con mucho cuidado, en un lugar donde hubiera pasto bien seco.
         Iba entonces a buscar agua y raíces tiernas, y le daba al hombre enfermo. Ella comía también, aunque estaba tan cansada que prefería dormir.
         A veces tenía que caminar al sol; y como era verano, el cazador tenía tanta fiebre que deliraba y se moría de sed. Gritaba: ¡agua!, ¡agua!, a cada rato. Y cada vez la tortuga tenía que darle de beber.
         Así anduvo días y días, semana tras semana. Cada vez estaban más cerca de Buenos Aires, pero también cada día la tortuga se iba debilitando, cada día tenía menos fuerza, aunque ella no se quejaba. A veces se quedaba tendida, completamente sin fuerzas, y el hombre recobraba a medias el conocimiento. Y decía, en voz alta:
         —Voy a morir, estoy cada vez más enfermo, y sólo en Buenos Aires me podría curar. Pero voy a morir aquí, solo, en el monte.
         Él creía que estaba siempre en la ramada, porque no se daba cuenta de nada. La tortuga se levantaba entonces, y emprendía de nuevo el camino.
         Pero llegó un día, un atardecer, en que la pobre tortuga no pudo más. Había llegado al límite de sus fuerzas, y no podía más. No había comido desde hacía una semana para llegar más pronto. No tenía más fuerza para nada.
         Cuando cayó del todo la noche, vio una luz lejana en el horizonte, un resplandor que iluminaba el cielo, y no supo qué era. Se sentía cada vez más débil, y cerró entonces los ojos para morir junto con el cazador, pensando con tristeza que no había podido salvar al hombre que había sido bueno con ella.
         Y sin embargo, estaba ya en Buenos Aires, y ella no lo sabía. Aquella luz que veía en el cielo era el resplandor de la ciudad, e iba a morir cuando estaba ya al fin de su heroico viaje.
         Pero un ratón de la ciudad —posiblemente el ratoncito Pérez— encontró a los dos viajeros moribundos.
         —¡Qué tortuga! —dijo el ratón—. Nunca he visto una tortuga tan grande. ¿Y eso que llevas en el lomo, qué es? ¿Es leña?
         —No —le respondió con tristeza la tortuga—. Es un hombre.
         —¿Y adónde vas con ese hombre? —añadió el curioso ratón.
         —Voy... voy... Quería ir a Buenos Aires —respondió la pobre tortuga en una voz tan baja que apenas se oía—. Pero vamos a morir aquí, porque nunca llegaré...
         —¡Ah, zonza, zonza! —dijo riendo el ratoncito—. ¡Nunca vi una tortuga más zonza! ¡Si ya has llegado a Buenos Aires! Esa luz que ves allá, es Buenos Aires.
         Al oír esto, la tortuga se sintió con una fuerza inmensa, porque aún tenía tiempo de salvar al cazador, y emprendió la marcha.
         Y cuando era de madrugada todavía, el director del Jardín Zoológico vio llegar a una tortuga embarrada y sumamente flaca, que traía acostado en su lomo y atado con enredaderas, para que no se cayera, a un hombre que se estaba muriendo. El director reconoció a su amigo, y él mismo fue corriendo a buscar remedios, con los que el cazador se curó enseguida.
         Cuando el cazador supo cómo lo había salvado la tortuga, cómo había hecho un viaje de trescientas leguas para que tomara remedios, no quiso separarse más de ella. Y como él no podía tenerla en su casa, que era muy chica, el director del Zoológico se comprometió a tenerla en el Jardín, y a cuidarla como si fuera su propia hija.
         Y así pasó. La tortuga, feliz y contenta con el cariño que le tienen, pasea por todo el jardín, y es la misma gran tortuga que vemos todos los días comiendo el pastito alrededor de las jaulas de los monos.

jueves, 22 de enero de 2015

Leyendo nuestros ACRÓSTICOS


Para una gran persona, me siento sola, vacía
Através de cristales rotos,
Unicamente sola,
Luces, continuamente las veo, intentando 
Alcanzar alguna de ellas,

Bonitos corazones rotos,
Ocasiones en las que deseo verte,
Nostalgia, eso es lo que siento cuando te recuerdo,
Escribiendo en un papel esas dos palabras;
Te quiero

Bondad,bien estar, parte de lo que me has transmitido durante todos estos años,
Alegría, siempre la tenías,
Rincones, vacíos sin tu presencia,
Belleza, esa belleza que formaba parte de ti, no solo en tu rostro,
Esperanza, cosa que nunca te faltaba, y aquí estoy, escribiendo algo, pensando en ti,
Rojo atardecer que llega a mi ventana,
Ángel, increíble ángel en el que te has convertido, ahí arriba.

EL CAMINO DE EL CIELO... 
                                                                                                                Paula Bonet 2A.


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Me levanto y vi el
Amanecer con
Nubes en el cielo
Olian a pastel con
Lazos naranjo que las rodeaban y
Ondulados corazones vi

Los árboles cantaban y un
Irresistible placer nació en mi
Llorando me acosté
Llorando me levanté y
Oliendo moriré

Manolo Lillo 2º  A




Leer un cuento entero: Al Andalus



collège Henri Wallon Marsella 


EXPERIENCIA:       leer un cuento entero
COORDINA/REALIZA: B. Gobin

NIVELES: 4eme 13años

IDIOMA/S UTILIZADAS EN LA  ACTIVIDAD : Español


FORMATO: Al Andalus, Arturo Ramo García Adaptación de La Tierra del Sol y de la Luna.


DESCRIPCIÓN : lectura fragmentada y progresiva del cuento.



EVALUACIÓN DE LA  ACTIVIDAD 
Los alumnos fueron capaces de contar los episodios relevantes de la historia sin apuntes pudieron ilustrar y resumir el cuento.






miércoles, 21 de enero de 2015

LEER EL PORVENIR


Collège Henri Wallon Marsella



Tras el estudio de diferentes documentos con el tema de la videncia, los alumnos realizan por escrito y a grandes rasgos el dialogo entre una vidente y un cliente durante una consulta . Luego, los alumnos escenifican esta consulta.

Se insiste en el interés de los alumnos por la actividad, en su implicación muy positiva


Aquí tienen un video con un ejemplo de juego de papeles con disfraces traídos por los alumnos 




miércoles, 14 de enero de 2015

Biblioteca de 2E

Los estudiantes de 2E han organizado la biblioteca de la clase con sus libros preferidos, en lengua checa. Cada uno de los estudiantes ha elegido su libro favorito del año 2014 y ha preparado una reseña de 1-2 páginas con un resumen del contenido del libro en cuestión, así como una breve biografía del autor y una crítica personal. Más tarde, han presentado su trabajo al resto de los compañeros. La biblioteca del aula se irá ampliando con otras lecturas que los estudiantes realicen en el futuro.
Os dejamos una presentación en formato ppt con un resumen del trabajo.


lunes, 12 de enero de 2015

Ecuaciones en un comic

Los estudiantes de 4L han trabajado el tema de ecuaciones en clase de matemáticas con la profesora Iva Sloupová de una forma divertida y original. Los estudiantes realizaron un librito de problemas verbales para aplicar las ecuaciones lineales. Cada estudiante eligió su problema verbal para transformarlo después en formato comic. Mas tarde, escribieron los pasos de la solución y todos juntos, usando la herramienta "google docs", crearon un libro con todos los relatos para publicarlos luego en internet. 
¡Os dejamos a continuación el enlace a la publicación, por si queréis echarle un vistazo!


lunes, 22 de diciembre de 2014

Navidad en 1E y 3E

Las profesoras Jana Recmannová e Iva Sloupová realizaron con los estudiantes de 1E y 3E una actividad pocos días antes de las vacaciones de Navidad en la que compartieron muchas de las tradiciones checas y españolas que se celebran en ambos países durante estas fiestas, después de prepararlas previamente mediante la selección, lectura y escritura de materiales: 
  • el sorteo de la lotería de Navidad,
  • las uvas de la suerte, 
  • villancicos españoles y checos, 
  • dulces de Navidad típicos de ambos países, 
  • los Tres Reyes Magos.
La valoración de la actividad fue muy positiva, tanto por parte de los estudiantes como de los profesores, especialmente porque todos tuvimos la oportunidad de aproximarnos a las costumbres del otro país y de intercambiar opiniones sobre las mismas. Os dejamos una presentación con fotos de la actividad.